Archive for 26 agosto 2013

“El espacio vacio”

El espacio vacio

“El espacio vacío”

Tengo un espacio que sobra,
Que lo quiero decorar,
En los demás tengo rosas,
De embriagadoras fragancias,
Hermosas de todas gamas,
Que se pueden admirar.
Suben sus hojas a la ventana,
Acarician el cristal,
Quieren entrar en la casa,
Empujadas por el vendaval,
Que las columpia cual danza,
Con sus notas de cristal,
Golpecitos suaves repiquetean,
Despiertan a mi anciana vecina,
Y abre las hojas de la ventana,
Acomodándose disfruta espumas de la mar,
Comenta que a primera hora,

Piensa siempre entretenida,
Aquel espacio que sobra,
Que semillas se han de plantar,
Cuando contempla la tierra vacía,
Ve que la cubre arena del mar,
Y unas caracolas de nácar que brillan,
Reluciendo
panza al sol cada mañana,

Murmura mala tierra para plantar,

Y en su mecedora queda dormida,

Con su mueca de contrariedad,

Que acaba en una beatífica sonrisa,

Pues al amanecer con la clara del día,

Será feliz con oír un pájaro cantar,

Viendo que la mala tierra,

Puede dar a luz una rosa bella.
Es difícil llegar a recordar,
Rebasando cierta edad,
Quién pintó tanta armonía,
Sintiéndose tan dichosa,
Disfrutando aquella vista,

Quiere dar gracias al pintor,

Que de cosas tan simples crea tanta belleza,

Pero no sabe donde habita,

Como puntualmente cada mañana,
Susurra una canción antigua,
Deja la ventana abierta,
Da unos pasos de vals en unas viejas zapatillas,

Riega las rosas que no prosperan,

Diciendo adiós a las gaviotas que ve pasar,

Ellas planean sobre su cabeza,

Como si la conociesen de toda la vida.  

Corro las cortinas para que no me vea,

Que no sepa que me preocupa su edad.
Después llama a mi puerta,
Hoy me invitó a merendar,

Entre trozos de tarta de frambuesa,
Contaba que la naturaleza,
Decoró la tierra yerta,
Creando una playa de coral,

Donde la inmensidad reina,

Trayéndola la paz espiritual,
El cielo refleja en su cara la claridad,
Como si fuera una pieza marfileña,
Con partitura instrumental.
Decía la anciana contenta,
Que nunca encontró soledad,
Convertía en alegría sus trizas de penas,
Allí donde la tierra brinda,
El poder de restaurar,
Maravillas del poder de la ancianidad.
La ayudé a sentarse en la tumbona.
La puse un beso en su mejilla,
Acaricié sus cabellos de plata,
El silencio pesó por las estanterías,
Los destellos de luna danzaban,
Desterrando la claridad del día,
La manta cubrió su faz arrugada,
Pues plácidamente se quedó dormida,

Ya sueña en su mecedora,

Con esas facciones beatíficas,
Y a la puerta de su casa al alba,
La dejé un saco de semillas.

Mariluz

 

 

“Guerrillero perdido”

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“Guerrillero perdido”
Tú que te escondes entre maleza,
Tú que escupes nefastas balas,
De tu desesperanza y pobreza,
Creyéndote rey de la libertad,
Esperando liberar cadenas,
De ideales de ilegalidad,
Donde más que liberar aprietas,
El hambre el trabajo y la desigualdad,
Abrazas la muerte pequeña,
De seres que aún necesitan respirar,
Y de los mayores truncas,
El futuro de esperanzas por llegar,
Sumiendo a las familias en lágrimas,
Tú te crees dueño de la verdad,
Porque en la guerrilla dicen cosas,
Que son injustas y no son verdad,
De gentes desequilibradas,
Que siembran el odio en cajas,
Y se regocijan de su maldad,
Cuando ven a indefensos que lloran,
Se crecen impasibles sin conciencia,
Creyendo que su metralleta,
Extorsión secuestro y bombas,
Abrazarán un país para gobernar,
No creas hermano que van a tolerar,
Después de enterrar los que aman,
Ante ti y los tuyos se doblegarán,
Todos los días existe oportunidad,
Escapa desnudo de ideas sin armas,
Y escoge el camino del amor y la paz,
Siempre hay manos que te sostengan,
Perdonando te den oportunidad,
De integrarte en la tierra fecunda,
Sirviendo a la humanidad,
Pon las rodillas en las tumbas,
Deja una rosa como excusa,
Donde el llanto fue un mar,
Vive la vida cabeza alta sin volverla a bajar,
Con la conciencia limpia llenarás distancias,
Con diversas alas vuelve actuar.
Piensa que políticas con matanzas,
Nunca se gana al pueblo se le deja atrás,
Si quieres una patria unida,
Tú que crees en el amor fraternal,
Tú que luchas por cambiar justicias,
Empieza las balas a enterrar,
Si no crees en tu inteligencia,
Busca el estudio y comprenderás,
Que con amor se ganan batallas,
Con políticas de legalidad,
Aunque alguna norma no esté clara,
Siempre se pueden cambiar,
Sin derramar sangre ni lágrimas,
Poco a poco camina y en paz.
Entonces dormirás en la senda,
Sin que te torturen pesadillas,
Que no te dejan ahora descansar.
Dime que tus lágrimas fueron cascadas,
Volviendo sin querer la vista atrás,
Donde quedaron de cuatro paredes una,
Y una madre desgarrada sin hija,
Que la daba apacible de mamar,
Siente si fuera tu esposa o hermana.
A las que causaste tal desmán,
Eso sangra el alma no se puede remediar,
Ni siquiera quedaron las tierras,
Tan quemadas que no pueden germinar,
Consigues empobrecer a tu tierra,
Con arengas guerrilleras de maldad.
La sociedad unida alcanzará victorias,
Tu estás en desventaja y perderás,
Ningún éxito ni medalla te colgarán.
Te esperan horas amargar si no vas a cambiar,
Apuesta por la vida entrégate sin luchar.
Rompe la cremallera que encierra,
Los pilares de tu humanidad dalas suelta,
Yo se que te sobra entereza,
Y con ello cuento para la paz.

Mariluz Díez
Delegada cultural
Naciones Unidas De Las letras.
UNILETRAS. Santander – España

Guerrillero

“En una parte de la tierra”

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“En una parte de la tierra”

A orillas del Río Aburrá,
En la mañana despejada,
De la gracia de Antioquia,
Entre orillas fluviales y montañas,
Van dos pequeñas paisas,
Con su cesta de libretas bien cargadas,
Dos arepas para la merienda,
Y con muchas ganas de estudiar,
De vez en cuando miran atrás,
A la madre cansada que cosecha,
Bajo el sudor del sombrero de paja,
Se siente orgullosa de labrar,
Por poca plata que tenga,
Es mucha para que puedan estudiar,
Pasan las nenas mirando las tiendas,
Dejando atrás cuadras bulliciosas,
De Pasillos, bambucos y cumbias,
Tiendas caras de sedas delicadas,
Ruanas trenzadas de escogidas lanas,
Y a la escuela se llegan sin demorar,
Porque sueñan que cualquier día,
En esas tiendas comprarán,
Se vestirán de colores de alegría,
Y también compartirán,
Pues el corazón de las paisas,
Está sembrado de solidaridad,
Medellín de montañas y selva,
Eterna primavera de aguas que bajan,
Llenos de riquezas para abrazar,
A la orgullosa magnífica Magdalena,
Madre que abraza a todo el que llega,
A los sentados a su orilla sin recibir da,
El regalo que la plata no puede comprar,
Brinda paz, hermosura, su riqueza natural.
Y en lo alto del Picacho una maestra aguarda,
Sonriendo satisfecha a sus alumnas,
Que de todos puntos cardinales van,
Hoy sembrará semillas de grandeza,
Y aunque es anciana y no cobra,
Lo único que importa es que aprendan,
Aparte de geografía e historia,
Es que sean buenas Antioqueñas,
Expandiendo al mundo la grandeza,
De ser orgullo de Colombia sus Antioqueñas.

Mariluz Díez. Delegada Cultural de Naciones Unidas De las Letras. Uniletras. Santander España

“El hombre sentado”

El hombre sentado2

“El hombre sentado”

Estabas sentado pensativo,
Movías los pies de vez en cuando,
Y esos ojos perdidos buscando,
Horizontes lejanos de breves ocasos,
Despidiéndose con un adiós frío,
Sin la certeza de volver a encontrarlos.
Tus rizos de oro sobre los hombros,
Jugaban con el viento encrespado,
Y estabas tan absorto que sin apartarlos,
Buscabas el cuaderno y el bolígrafo,
Para escribir sutiles pensamientos,
Desbocados a la caída del crepúsculo,
Más que de una fugaz inspiración,
Surgían perdidos recuerdos del pasado,
De alegrías, dolor, amor y desengaños.
Estabas frente a mi y tu sin saberlo,
Me ocultaba entre la vegetación,
Y espiaba uno a uno tus movimientos,
Más aquello que escribías no podía saberlo,
Serían los versos para un antiguo amor,
Me consumía divagando en acertijos,
Si tu sonrisa era un recuerdo próximo,
O el mejor reglón de un sueño pasado,
Que aquella tarde escribiera tu mano,
Luego dormían cerrados como castigo,
A mi ojear indiscreto de su contenido..
Y los rizos de tu cara caían como velos,
Estabas sentado y apartaste el cuaderno,
Fuiste consumiendo lentamente un cigarro,
Que se apagaba deprisa por momentos,
Y tu mirada en el horizonte inmenso,
Donde no hay fronteras en kilómetros,
Solo la tierra, nosotros y el cielo,
A veces las visitas de las aves sobre el viento,
Pasajeros volátiles saludaban de cumplido,
Desde los arbustos recobrando su aliento,
Y el batir de alas por cualquier movimiento,
Se perdían sus sonidos alfombrando el silencio.
Estabas sentado sin cigarro ni cuaderno,
En tu rostro asoma un rictus de satisfacción,
Recoges hacia atrás los rizos de tus cabellos,
Guardas en tu bolsillo el escrito secreto,
Pero aún sigues sentado pensativo,
Y las horas se descuelgan vestidas de negro,
El rocío empapa la vegetación y tiemblo,
Tengo ganas de escapar del frío,
Lanzarme con arrebato hasta tus brazos,
Llenando tu espacio con incendiados besos,
Entonces surgirían los datos inspirados,
Para escribir sin descanso los misterios,
Y sin mayores obstáculos previstos,
Liberarlos ante mis ojos clandestinos,
Porque ya no puedo seguir esperando,
A que olvides cierto día el cuaderno,
Convirtiéndome en alegría o sufrimiento,
Depende lo que entienda entre tus versos.
Estabas sentado justo a mi lado,
Y que lejos de saber tus pensamientos,
Tú sin saber que yo estaba vigilando,
Hasta el menor de tus movimientos,
Siempre pasó lo mismo tu sentado escribiendo,
Y yo con mis brazos abiertos rogando.
Que fuera yo tu musa para no seguir sufriendo.

Mariluz