Contemplación


Majestuosas montañas,
Que os alzáis ante mi vista,
Riachuelos que corren y bajan,
Cascadas dulces cantarinas,
Gotas de formas caprichosas
Que por mi piel resbalan,
Dando tregua al calor del día.
Cimas vírgenes de pisadas,
Silencio que atesoran
Para robarlo el cantar,
El son de la escopeta que mata,
Aves lastimadas en su caída,
Ladridos en pos de presas destrozadas,
La civilización avanza,
Oculta entre las ramas,
Trofeos que muestran,
El orgullo de la raza humana,
Y de aquel coche que se aleja,
Donde prende una nube blanca,
El fuego devora pertinaz,
Todas las estaciones añadas,
Un paisaje cambia de forma,
Ante la vista de lugareñas,
Y del visitante la pena,
Esperando encontrar la savia,
Al lado de su madre y abuela,
Bañándose en esencia de libertad,
Donde poder olvidar las prisas,
El bullicio de la ciudad,
Entre el gentío la soledad.
Ocultando la noche sin estrellas.
Recorro con mi vista,
El último bastión que queda,
Ajenas al destino negras ramas,
Se alzan heridas sin hojas,
Sin emitir ninguna queja,
Las aves han vuelto a volar,
Y se han pasado en ellas,
Vuelve a reinar la calma,
Se oye la cascada fresca,
Y yo vuelvo a beber su agua,
Mi lágrima se funde con ellas,
Un adiós de mi mano es promesa,
De respeto y amor a su naturaleza.

Mariluz

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